viernes, 29 de mayo de 2015

La Capilla de Notre Dame du Haut, en Ronchamp

Un placer y una maravilla esta entrada que se la debemos a Mi Molesnike Arquitectónico
La primera parte del artículo sobre la afamada obra del maestro Le Corbusier, la capilla de Notre-Du-Haut, fue básicamente dedicada a enmarcar su contexto, tanto en la importancia de su emplazamiento en el paisaje de Ronchamp como los antecedentes históricos que llevaron a Le Corbusier a aceptar el encargo.
La presente entrada está dedicada a las características arquitectónicas del edificio en sí, así como algunas notas sobre su proceso constructivo.

CARACTERÍSTICAS ARQUITECTÓNICAS DE LA CAPILLA

Puede resultar paradójico que la obra más conocida de Le Corbusier se aleje de su tradicional discurso racionalista (de la misma forma como la obra más conocida de Frank L. Wright, la Casa de la Cascada, parece alejarse de sus principios organicistas). Sin embargo, la obra refleja algunos principios de la arquitectura moderna, como su austeridad, su apertura a la comunidad y su concepción como un elemento que contrasta en el paisaje, si bien se origina en él.



La capilla debe su forma a la configuración del terreno y su relación con el paisaje. Cada una de sus fachadas responde a diferentes actitudes: bienvenida, celebración, servicio, simbolismo. El techo dramatiza el carácter escultórico y el poder y maleabilidad del concreto para componer volúmenes orgánicos. Todos estos elementos confluyen para generar un espacio interior místico y dramático, en el cual la luz es protagonista.

Plantas y cortes esquemáticos. Modelo en 3D cortesía de Villa

LAS FACHADAS

El genio de Le Corbusier radica en lograr que el visitante tenga siempre una percepción distinta del edificio desde cualquier ángulo que lo vea, y al mismo tiempo mantener armonía, dinamismo y coherencia entre ellas. Esta particularidad fuerza a que el visitante tenga que circundar toda la obra para comprenderla, añadiendo una cuarta dimensión a la composición arquitectónica: el recorrido.


La Fachada sur


El muro cóncavo recibe al visitante que asciende por el sendero. Su sección triangular de ancha base parece ser una continuación de la colina, que asciende hasta sostener el techo.
El muro sur es bastante ancho en la proximidad del acceso (3.7 m), pero se adelgaza y gana altura en el otro extremo (1.7 m).



El muro evidencia su espesor al ser perforado por un patrón de ventanas rectangulares de distinto tamaño y orientación, cuyo aparente desorden será utilizado para crear un efecto lumínico al interior, como veremos más adelante.


El ingreso se halla flanqueado por un elemento vertical y cilíndrico, una de las tres capillas menores con las que cuenta la capilla. También se jerarquiza el acceso adoptando el color del concreto y separándolo de la pared blanca y curva.



La puerta en sí cuenta con un arte realizado por el propio Le Corbusier, a la usanza de otras de sus obras, como la Asamblea de Chandigarh, por ejemplo. Sin embargo, desde hace años esta puerta está clausurada, y el ingreso a la capilla se da por la puerta posterior.


Otros elementos en el acceso son dos bloques pequeños de concreto visto que configuran un marco virtual a la puerta.


Fachada este

Enfrentando una gran explanada para los fieles, esta fachada también cóncava acoge una pequeña capilla exterior.


Es aquí donde se puede apreciar la potencia del volumen del techo, que sobresale sobre la capilla.
Además del techo, la capilla es enmarcada por el muro sur y por un volumen semicircular, que juntos conforma una especie de "cueva" que subraya el carácter receptivo que se quiso dar en esta zona, o de "proscenio" que enfatiza su vocación de punto focal en el paisaje.

La pared es perforada por unas diminutas fenestraciones cuadradas y en el medio se inserta una urna con una imagen de la Virgen.


Complementan la composición elementos de concreto visto, como la mesa y el púlpito, y una sencilla cruz de metal.


Fachada norte

La fachada norte agrupa las funciones de servicio: una entrada secundaria y unas escaleras. Ese carácter más privado se caracteriza por su forma convexa. Frente a ella hay un espacio que es delimitado por unos árboles, donde originalmente se ubicaba una torre campanario que no se construyó.



Los elementos más llamativos de la fachada son las dos capillas que flanquean el ingreso secundario: ambas dispuestas simétricamente en torno al eje de la puerta. Sin embargo, no es un impacto abrupto, ya que por su forma invitan al acceso al interior.


Fachada oeste

Es la única fachada ciega, cuyo trazo convexo vincula la fachada principal con la posterior, y donde el arquitecto muestra la naturaleza de las capillas, unas torres semicilíndricas a las que se ha practicado una abertura lateral. La verticalidad de las mismas es un contrapunto al carácter horizontal de la edificación.
En el centro de la pared se ubica una gárgola, que recoge el agua de lluvia y la deriva a una fuente escultórica de concreto visto que se encuentra frente a ella.



EL TECHO


"Encima del tablero de dibujo tengo el caparazón de un cangrejo que recogí en Long Island, cerca de Nueva York. Será la cubierta de la capilla: dos membranas de hormigón de 5 cm. de espesor y separaciones de 2.26 m. El Caparazón descansará sobre paredes de piedra recuperada".

Un detalle que no me había percatado hasta la visita fue el hecho de que el techo está separado de las paredes por una fina ranura. Este hecho, que es más evidente desde el interior, y evidencia el interés del arquitecto por sugerir liviandad en la cobertura, a pesar de su masividad. El techo se apoya en unas columnas ocultas en los muros, que no son portantes.



"El cascarón ha sido colocado sobre las paredes que son absurdamente pero prácticamente gruesas. Dentro de ellas hay columnas de concreto reforzado. La caparazón descansará en estas columnas pero no tocará la pared. Una ranura horizontal de 10 cm de ancho asombrará"
Le Corbusier.

Foto cortesía de Pieter Morlion
INTERIOR

El protagonista del interior es, sin lugar a dudas, la luz. Pero, a diferencia de lo que me había imaginado, el interior no es plenamente iluminado, como lo es, por ejemplo, la Iglesia del Jubileo de Richard Meier. Por el contrario, es más bien una iglesia oscura, como lo son algunas iglesias góticas, lo que resalta más el dramatismo de la luz, hábilmente resuleta en distintas formas para enfatizar la naturaleza sacra del espacio.


El efecto más impresionante proviene del muro sur, aquél que goza de mayor incidencia solar en donde la luz penetra por las pequeñas aberturas de vidrios de colores. La forma de las ventanas en el muro grueso, cuyos cortes se ensanchan oblicuamente como un bisel, permiten que la luz se difumine suavemente al interior.



En contraste, el muro este, donde está el altar, tiene una pequeñas perforaciones que desde el interior semejan estrellas. En el borde de las paredes destaca la separación con el techo, demarcado por una línea de luz.


Otra fuente de luz indirecta son las capillas. La luz ingresa lateralmente y se difunde a través de la superficie rugosa de las paredes curvas. El tipo de luz aunado a la verticalidad del espacio transmiten un carácter de alteza, elevación y sublimidad, un recurso que ha sido utilizado desde entonces por muchos arquitectos, como Kenzo Tange en su Catedral de Tokio, por ejemplo.


Foto cortesía de ilgattodiviadeimacci

La exquisitez en la concepción lumínica interior es enfatizada por la sencillez y austeridad del mobiliario interior. El piso es de concreto visto y se halla inclinado ligeramente hacia el altar. Las bancas se disponen en ángulo en dirección opuesta al altar, intuyo que para reforzarlo como punto focal en el espacio.



CONSTRUCCIÓN


"La construcción del muro se realizó sobre la base de columnas angulares "El arriostramiento lateral se observa en la sección de los elementos interiores que representan el trazo continuo y los los exteriores, discontinuo".


"En los bocetos preliminares de Le Corbusier se aprecia cómo la cubierta se ideó como armaduras de sustentación dispuestas en dirección norte/sur y apoyadas en muros correspondientes a estas orientaciones, que se levantaban de piedra. La rigidez innecesaria corría a cargo de la forma de las capillas y de la irregularidad del muro septentrional. El muro sur es de hormigón armado." G. Baker.





DETALLES





"La capilla es un enunciado de contrastes, contrastes formales en alusión a un cúmulo de remisiones respecto a circunstancias vitales. Las figuras son vigorosas y serenas: los muros encierran fragmentos de espacio interior, pero también permiten en otros puntos que se extienda; coexisten la estabilidad y la tensión, la inquietud y el reposo: la iluminación es directa e indirecta, misteriosa y resplandeciente, en ocasiones variable, en otras no.

Foto cortesía de ricardo avella

Las formas son elementos continuos que se interrumpen en incisiones precisas; en respuesta al programa de necesidades externas e internas, la capilla es extrovertida e introvertida. Nada explicita la complejidad de una exposición que se contempla en la misma variedad de iluminación y figuras que inducen los contornos de los huecos repartidos en el muro sur. Este "penetrable" muro, en el interior, se convierte en un sinfín de luminosas figuras centellantes, contrapuestas a la presión del mismo, aparentemente suspendido en el aire por efecto de su separación y elevación respecto al mismo. La pared interior inclinada se opone también a su cara exterior con aspecto de castillo y apariencia maciza.
La capilla caracteriza en muchos sentidos la madurez de la obra de Le Corbusier... El significado... no es la transcripción explícita y literal de la edad de la máquina, es una declaración de interpretaciones alegóricas de la naturaleza que, por reducción, interpreta, a su vez la propia existencia."
Geoffrey Baker.

VER TAMBIÉN
OTRAS OBRAS DE LE CORBUSIER


-“Al margen de la pura teoría ¿qué se siente dentro y fuera de ese espacio?” me preguntó un buen amigo.
-“En una palabra: POESÍA”

domingo, 24 de mayo de 2015

Recursos


EN ESTA GALERIA DE ARTE CONTEMPORÁNEO ENCONTRÁS INFORMACIÓN SOBRE LAS DIVERSAS CORRIENTES Y ESCUELAS QUE SE DESARROLLAN A LO LARGO DE LOS SIGLOS XIX Y XX.

Así mismo puedes ver la obra de diversos artistas del siglo XX.

También un glosario sobre diversos conceptos de arte

miércoles, 20 de mayo de 2015

El parque Güell

Tomado de mi Moleskine Arquitectónico

Balcones de Gaudí. Foto cortesía de pasotraspaso

Imagino a un compungido Conde Eusebi Güell a principios del siglo XX, ante el fracaso de su negocio inmobiliario. Quién pudiera decirle que el jardín que ideara para él el genial Antoni Gaudí, habría de convertirse en unas décadas en el espacio público más significativo de Barcelona y posteriormente, en 1984, en Patrimonio de la Humanidad (aunque en aquél entonces hubiera habido que explicarle además qué habría de ser la UNESCO).


El Parc Güell es el parque más sugestivo y emocionante que haya recorrido. Abierto a espectaculares vistas de la ciudad y el mar, y al mismo tiempo generando intimidad y sorpresa. Meticulosamente inspirado en la geometría de la naturaleza, pero a su vez transmitiendo la imagen de improvisación y espontaneidad, mediante el uso de materiales reciclados. Místico, religioso, casi rústico e inspirado en la tradición catalana, pero simultáneamente haciendo uso de técnicas constructivas de vanguardia para su época. Una muestra de adaptación del proyecto a su entorno urbano y topográfico, pero también el fino detalle en el que se percibe el amor del artista y el artesano por su trabajo.


ANTECEDENTES

1900. El empresario e ilustrado catalán Conde Eusebi Güell, influenciado por las ideas del Higienismo inglés, decide crear una ciudad-jardín en las afueras de Barcelona y adquiere dos lotes en la entonces llamada Montaña Pelada (hoy llamado el Turó del Carmel). cabe destacar que en aquel entonces la zona no tenía vegetación. Le pide a su amigo Antoni Gaudí, el exponente más importante del Modernismo en España (también conocido como Art Noveau, no confundir con el movimiento moderno) que le desarrolle el proyecto de un parque, en torno al cual habrían de emplazarse 60 viviendas. Sin embargo, debido a la distancia del centro de la ciudad el proyecto fracasa y sólo se venden tres parcelas, una de ellas comprada por el propio Gaudí con sus ahorros.


Construido entre 1900 y 1914, fue un jardín privado hasta 1918, en que los herederos de Güell lo vendieron a la municipalidad de Barcelona, y en 1922 fue declarado parque público.


EL PARQUE

Tal como subrayan Juan Bassegoda y Gustavo García en “La Cátedra de Gaudí”, el Parc Güell es el exponente más conspicuo del periodo naturalista del arquitecto catalán, entre 1815-1916, en que abandona la línea recta por una variedad de formas curvas, observando las formas de la naturaleza y descubriendo en ellas fines funcionales más que sólo estéticos.


Gaudí plantea entonces un desarrollo empotrado en la montaña, sin utilizar rellenos sino adaptándose al relieve del terreno, usando terrazas que van ascendiendo a través de los 60 metros de pendiente, y ajustando la forma de las vías a la topografía del lugar. Además promueve su masiva forestación con especies mayormente nativas, ya que como dijimos el lugar era carente de vegetación.

Ver ubicación en Google Maps

La obra está llena de referentes regionales al Catalanismo,y también religiosos, ya que fue concebida como un recorrido procesional coronad por una capilla en la cima, la cual nunca se concluyó y en donde existe en su lugar el monumento al calvario. De esta forma el parque representa las 4 grandes pasiones de Gaudí: la arquitectura, la naturaleza, Cataluña y la religión Católica.


La entrada principal, una de las seis con las que cuenta el conjunto, se encuentra en la parte baja de la colina, en la calle Olot, flanqueda por dos pabellones que habrían de ser la vivienda del conserje y la administración. Los edificios eran recubiertos de piedras mientras que las cubiertas fueron recubiertas de cerámica.


Aquí destaca la elaborada construcción de un elemento vertical, trabajado en colores blanco y azul y cuya geometría evoca al tronco de una palmera, culminando magistralmente en una cruz.


Entre estos volúmenes se encuentra una reja de hierro forjado, y de aquí nace una muralla de piedra, en la que encontramos las famosas inscripciones hechas en fragmentos de cerámica con las palabras “Parc” y “Güell”.


Luego de ingresar, nos recibe una pequeña plaza, y a la manera de un grand foyer, la sucede una solemne escalinata, en la que se ubican tres fuentes que representan tres regiones de Cataluña.


Aquí se encuentra una alegoría a una serpiente saliendo de un disco en llamas rodeado de agua, todo ello recubierto con retazos de cerámica o tracadís.


Inmediatamente después se ubica la famosa escultura de la salamandra, el elemento emblemático del parque, y que para algunos es una referencia del Pitón del templo de Apolo en Delfos.


Lamentablemente ésta fue objeto de vandalismo en el 2007.


Al final de la escalinata hay una banca en forma de concha acústica, cuya estudiada disposición le permite estar en sombra durante todo el año excepto en invierno.

A los lados de la escalinata se ubica, a manera de cueva, el Porche de los Carruajes, donde las columnas recuerdan las patas de un elefante y en el otro lado se ubica la antigua casa del conde Güell, un edificio que es hoy la escuela Baldiri Reixac. ¡Qué afortunados los alumnos que estudian allí!


Al final de la escalinata se ubica una amplia sala hipóstila de 86 columas de 6 m de alto y 1.2 m de diámetro, que fue originalmente pensada como mercado de la urbanización. Los fustes estriados de las columnas recuerdan a un templo clásico de orden dórico aunque las suaves ondulaciones del techo, compuesto de pequeñas bóvedas, han sido decoradas con trancadís blancos y con exquisitos rosetones multicolores.


La cubierta de esta sala es una gran terraza de piso de gravilla, a través del cual discurre el agua de lluvia canalizándose a través de las columnas y que va a dar a un depósito subterráneo, usando luego el agua para riego del parque. En el bode de la terraza se halla demarcado por una larga banca serpenteante, recubierta por pedazos de cerámica llamados trencadís. Se dice que a fin de obtener un diseño ergonómico y funcional, hizo sentar a un trabajador obteniendo un molde de su trasero, el cual fue repetido a lo largo de la banca.



La cornisa que define el techo de la sala hipóstila es más diseñada con líneas rectas, con metopas y triglifos, y presenta una serie de gárgolas con figuras caninas que le dan pauta a este borde.



Pero sin duda lo que más llamó mi atención fueron las caminerías definidas por columnas inclinadas revestidas en piedra extraída del propio parque, que se han clasificado en tres estilos: el inferior (Viaducto del Museo) en gótico, el intermedio (Viaducto del Algarrobo) barroco y el superior (Viaducto de las Jardineras) en románico. La expresión de la arquitectura parece nacida de la roca, pero la forma avezada de las estructuras denota un calculado estudio estructural.

El más famoso de estos viaductos, llamado de la Bugadera por incluir una imagen de una lavandera de piedra con el cesto en la cabeza, contiene , además de las mismas columnas una pared inclinada revestida de piedra. Es como si fuéramos tablistas que estuviéramos atravesando una ola petrificada. En un momento al doblar la esquina, el viaducto adquiere un segundo nivel, y las columnas superiores parecen estar sometidas a una torsión que les da una imágen lúdica.


El llamado Camino del Rosario, llamado así por que las rocas que lo conforman parecen cuentas de un rosario, fue erigido sobre una antigua vía romana.

LA CASA GAUDÍ

Una de las tres casas que se construyeron en la finca correspondieron a Gaudí, donde vivió entre 1906 a 1925, antes de que se mudara a su taller en la Sagrada Familia. La casa fue diseñada, sin embargo, por uno de sus ayudantes, Francesc Berenguer, y fue construida a modo de muestra para la urbanización entre 1903-04. Actualmente la casa alberga el Museo de Gaudí, en el que se muestran varios ejemplos de mobiliario diseñado por el maestro.

Foto cortesía de sowhat
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